Si hacemos caso a los datos que facilita una de las empresas más importantes de seguridad
de nuestro país, 8 de cada 10 robos en España se producen en pequeñas y medianas empresas (frente al 20 por ciento localizado en viviendas). Un dato que podría por sí sólo justificar la adopción de sistemas de videovigilancia. Pero, además, si estas herramientas soportan el protocolo IP, entonces las posibilidades de una tradicional cámara van mucho más allá, respetando siempre los límites que la ley establece.
En España, el 80 por ciento de los robos se producen en PYMES y el 20 por ciento en viviendas, que principalmente son unifamiliares. Son los datos facilitados por Prosegur, una de las mayores empresas de seguridad en nuestro país, quien también señala, basándose en datos de su propia experiencia, que el mayor número de saltos de alarma tiene lugar los días laborables, por ser el momento en el que se conectan y desconectan más sistemas, y más concretamente, en las horas de aperturas y cierres de los negocios. Como cabría esperar, la madrugada el momento más elegido por los amigos de lo ajeno para cometer estos robos, siendo el mes de mayores incidencias el de julio, puesto que las ventanas suelen estar abiertas por el calor y se inicia el grueso vacacional.
Evidentemente, contar con un sistema de videovigilancia puede ayudarnos a prevenir estas situaciones (siempre será más fácil que un atracador intente penetrar en nuestro negocio si ve que no tenemos cámaras instaladas que puedan recoger su imagen para una mejor posterior identificación).
Sin embargo, no debemos simplificar el uso y las ventajas de estas herramientas a estos extremos, ya que podríamos decir que las aplicaciones de vídeo IP son prácticamente ilimitadas.
Amplio abanico de aplicaciones
Si hablamos de soluciones de videovigilancia, lógicamente el primer mercado objetivo que nos viene a la cabeza es el ya mencionado de las empresas de seguridad. Pero, como decimos, no son las únicas que pueden sacar provecho de sus posibilidades. La experiencia de los fabricantes de este sector dictamina que gestionar recursos, realizar inventarios, analizar conductas de compradores, controlar procesos industriales, realizar practicas de tiro a distancia e incluso para controlar y fotografiar las migraciones de la fauna de un parque natural sin tener que molestarla, son sólo algunos de los ejemplos, y reales, que pueden hacer un uso intensivo de estas herramientas.
Es decir, que las posibilidades que ofrecen los productos de vídeo IP son múltiples, de manera que quizá sólo nuestra imaginación sea la limitación a su aplicación a diversos campos.
Eso sí, como en toda tecnología, hay sectores que parecen más interesados y son más proclives a la adopción e incorporación de dichas herramientas. Por citar sólo algunos, podemos pensar en la educación (para la detección y análisis de conductas delictivas o control de asistencias), el comercio minorista (conteo de personas, control de stocks, análisis de conductas de compradores, control del manejo de las cajas), industria (control de procesos) y transporte (acciones delictivas, prevención de actos terroristas), sin pasar por alto las Administraciones Públicas (protección de edificios públicos y del Patrimonio y por el control de tráfico).
Y, por supuesto, aunque algunos usuarios particulares también apuestan por este tipo de soluciones, y pese a que el objetivo último puede ser similar, los sistemas para usuario final son mucho más sencillos que para aquellos destinados a un uso más profesional, ya que se necesita mejor calidad de imagen, grabación de las imágenes durante un período determinado, infrarrojos, altavoz...
Así pues, cualquier empresa que quiera proteger a sus clientes, empleados o bienes frente a posibles amenazas a la seguridad puede apostar por este tipo de soluciones, pero teniendo en cuenta que, en función del tipo de empresa que sea, las amenazas a las que tendrá que hacer frente serán diferentes. Y es que suele ser raro que una empresa o negocio no esté expuesta a amenazas a la seguridad, aunque éstas sean de diferente naturaleza, por lo que prácticamente cualquiera puede beneficiarse de la implantación y uso de un sistema de videovigilancia.
Eso sí, desde Sony también se apunta que quizá lo más correcto sea hablar de “sistemas de monitorización de vídeo”, ya que la videovigilancia no es más que un uso particular de estos sistemas, que admiten un rango amplísimo de aplicaciones posibles.
Desde la solución más básica…
Así pues, y una vez determinado que casi cualquiera puede incluir una solución de videovigilancia, hemos querido conocer cuál sería la solución más básica que podemos contemplar.
De esta forma, una solución básica de videovigilancia podría estar compuesta por una única cámara IP que vigile la puerta de entrada de nuestro negocio y que estuviera conectada a internet a través de un router ADSL con una dirección IP fija. Al tener la cámara su propia dirección IP, para poder ver las imágenes sólo tendríamos que conectarnos a internet desde cualquier ordenador, teclear la dirección IP de la cámara en la barra de direcciones del navegador e introducir los datos de nombre de usuario y contraseña. Al ser una solución básica, únicamente podríamos ver las imágenes en directo, en el mismo momento en el que éstas se están produciendo, ya que no se produciría ningún tipo de grabación.
… hasta la más compleja
Pero si lo que necesitamos en algo más complejo, entonces estaríamos hablando de una solución que ya estaría compuesta por varios tipos de cámaras (fijas, minidomos, cámaras robotizadas, inalámbricas…) además de un software de gestión y grabación instalado en un servidor.
Por supuesto, esta instalación también podría incorporar otros dispositivos, como focos de infrarrojos (para poder captar y grabar imágenes en total oscuridad), relés (para activar la grabación de alguna de las cámaras cuando se abre una puerta, por ejemplo), sirenas (que se activen cuando alguna de las cámaras detecte que se ha producido algún movimiento)…
Si nos referimos al software, además del destinado a la grabación de imágenes procedentes de las cámaras del sistema, Carlos Viloria, responsable de producto en Sony, explica que esta aplicación también “podría realizar un procesamiento avanzado de las señales de vídeo para identificar números de matrículas, reconocer caras… A diferencia de los sistemas analógicos, que estaban basados únicamente en un hardware y, por tanto, limitados en su funcionalidad, en los sistemas de monitoreo de vídeo en red existe un software que corre en un servidor y que puede procesar la señal de vídeo para extraer cualquier tipo de información de utilidad para la aplicación en cuestión”.
Para entender más gráficamente cómo puede ser una solución más compleja, desde Axis se nos invita a pensar en la instalación de un aeropuerto, donde la exigencia en seguridad es extrema, existen grandes espacios a cubrir y distintos protocolos de vigilancia. Así, la instalación estaría compuesta por un “indeterminado número de cámaras conectadas”, por ejemplo en una VPN preparada para soportar un alto volumen de tráfico en la red, con un software específico para la gestión del vídeo y un rack de discos duros para el almacenamiento de las imágenes captadas.
Un equipo como éste dotaría al sistema de “diferentes formas de visualización y grabación, funciones de búsqueda de eventos, gestión de alarmas, soporte de audio y acceso remoto a través de un navegador web o PDA. Estas cámaras, además, podrían estar conectadas a sensores que activaran grabaciones en función de situaciones predeterminadas. En un sistema como éste se podrían incorporar nuevas cámaras cómodamente en caso de resultar necesario y no resultaría problemático la reubicación de algunas de ellas”, relata Juan Luis Brizuela, director general de Axis Communications.
Necesidades de actualización
En estos momentos, puede decirse que la mayoría de las cámaras de videovigilancia son sistemas completos en los que el PC está incluido dentro de la propia cámara lo que, como hemos visto anteriormente, facilita que su usuario pueda acceder con un navegador a las imágenes que está transmitiendo la cámara.
Más concretamente, cualquier cámara IP podría definirse como un ordenador basado en un procesador que tiene su propio sistema operativo y servidor web. Por eso, y como ocurre con muchos otros productos informáticos, los propios fabricantes de estas soluciones recomiendan que se realicen las oportunas actualizaciones gratuitas del firmware de las cámaras de forma periódica. “El software de gestión del vídeo, al igual que cualquier otro software, precisa de licencias y en su ciclo de vida se contemplan seguro nuevas versiones que deberán adquirirse o no en función de las características que incluya como novedades y de las particularidades de nuestra instalación”, detalla el responsable de Axis. Gracias a estas actualizaciones podremos dotar a las cámaras de la última tecnología disponible, tanto de calidad de imagen, como de la gestión y almacenamiento de la misma.
Pero más allá del software, y especialmente en las instalaciones más complejas, una vez que ya tenemos instalado un sistema de video vigilancia podemos acometer futuras actualizaciones (como, por ejemplo, hacer la transición de una red cableada a una inalámbrica o sacar provecho de las posibilidades que brindan nuevos estándares, como Power over Ethernet, PoE) así como incorporar nuevos productos. En cualquier caso, y pese a que una de las partes más complejas de la instalación de estas soluciones puede ser el cableado, cabe recordar que estamos hablando de soluciones que utilizan el protocolo IP, por lo que, tal y como recuerda Jesús Garzón, responsable para España y Portugal de Mobotix, “se evitan cables especiales e incluso las cámaras pueden integrarse ya con sistemas inalámbricos. Este tipo de sistemas son aplicados sobre todo en grandes superficies de terreno (como campos de golf) o donde no hay posibilidad de cablear (cuando se trata de vigilar zonas medio ambientales donde no puedes modificar el entorno también son muy útiles)”.
¿Qué solución necesito?
Como ocurre con cualquier otro tipo de instalación, todo aquel que esté planteándose la posibilidad de integrar una solución de videovigilancia deberá, en primer lugar, detectar cuáles son sus necesidades reales y analizar cuál es el uso que se va a hacer de las cámaras.
Una vez realizado este análisis, podremos valorar cuáles son las cámaras más adecuadas para nuestras necesidades. Así, podremos elegir entre aquellas que tienen función día/noche (o no), fijas o móviles, para interiores o para exteriores… Y, como se ha señalado, hay que dimensionar correctamente la red sobre la que se van a instalar las cámaras, para lo que hay que tener en cuenta los parámetros de vídeo que se van a configurar en las cámaras (resolución, imágenes por segundo, tipo de codificación, índice de compresión). Por ejemplo, si se dispone de una cámara con una lente que permite visualizar toda una estancia, será mejor utilizar sólo una, que no dos, para la misma habitación.
Y, por supuesto, siempre hay que dejar una puerta abierta de cara al futuro, previendo posibles ampliaciones. En este sentido, desde Sony explican que los sistemas en los que las cámaras de vídeo realizan parte del procesamiento de la señal garantizan la escalabilidad del sistema, pues “el servidor central no se ve apenas afectado por el hecho de añadir más cámaras al sistema, dado que son las cámaras las que realizan gran parte del trabajo de procesamiento de la señal de vídeo para obtener información útil (detectar objetos abandonados, conteo de personas…)”.
Además, frente a aquellos que piensan que una solución de videovigilancia basada en un entorno IP es mucho más cara que una basada en el tradicional sistema analógico, desde Axis se reconoce que es una verdad con dos caras. “La solución analógica es efectivamente más barata a corto plazo, pero a largo plazo nos encontramos con que no es una solución tan económicamente viable en lo referente al mantenimiento o a la posibilidad de afrontar una ampliación de la misma”.
La legalidad, a debate
Sin duda, uno de los asuntos más controvertidos y polémicos a los que tiene que hacer frente el tema de la instalación de cámaras de videovigilancia es el del respeto a la intimidad de las personas.
No obstante Carlos Viloria concluye que pese a ser un debate recurrente, los límites los marca la ley. “Los fabricantes en ningún caso establecen estos límites y son las empresas e instituciones los que han de ajustarse a las leyes vigentes en cuanto a privacidad y protección de los derechos fundamentales”.
Así pues, y según la legislación española las imágenes se consideran un dato de carácter personal (Art. 3 de la Ley orgánica 15/1999 y Art. 1.4 del Real Decreto 1322/1994) y, en este sentido, se han desarrollado normativas y regulaciones tendentes a proteger a los individuos frente a la vulneración de sus derechos fundamentales. En los últimos años la Instrucción 1/2006 de la Agencia Española de Protección de Datos es la que marca estos límites ya que esta instrucción tiene como objeto lo relacionado con la grabación, captación, transmisión, conservación y almacenamiento de imágenes.
Así pues, y dado que estamos ante un tema ‘delicado’, deberíamos plantearnos si la puesta en marcha de sistemas de videovigilancia es verdaderamente la solución que necesitamos o si, por el contrario, existen otras medidas que se puedan tomar. Además, no hay que olvidar, tal y como recuerda Jesús Garzón, que la instalación de las cámaras implica, a su vez, una serie de medidas dependiendo del lugar de implantación: hay zonas donde sólo es posible la visualización, pero no es posible la grabación; otras donde se puede grabar, pero es necesario destruir lo almacenado en un corto período de tiempo; y hay sectores que necesitan guardar al menos quince días sus imágenes (como es el caso de la banca).
En este sentido, este responsable considera que esta confrontación que puede producirse puede evitarse “siempre y cuando se sigan unos procedimientos básicos: avisar de la colocación de los sistemas, que las imágenes no sean difundidas, que la vigilancia se centre en el puesto de trabajo y no en el trabajador, que las cámaras estén siempre instaladas en zonas de trabajo y no en zonas privadas como los cuartos de baños, los vestuarios o los espacios de reunión destinados a los representantes de los trabajadores – donde está estrictamente prohibido -, sin olvidar dar a conocer la finalidad de la grabación, las personas autorizadas a visionarlas y la conservación de las imágenes”.
Sea como fuere, lo cierto es que también los fabricantes se han puesto manos a la obra para dotar a sus soluciones de determinadas herramientas o tecnologías que hagan cumplir este respeto por la intimidad de las personas cuya imagen puede ser registrada por estas cámaras. Así, algunos de ellos apuestan por utilizar un proceso de autenticación IEEE 802.1x para la transmisión de datos segura, ya que este sistema dictamina si el usuario que solicita estos datos está autorizado. Mientras, otras cámaras están dotadas de zonas de privacidad para poder dejar en negro o pixeladas determinadas zonas que no puedan ser grabadas. Unas características que también pueden ser programadas para determinadas zonas o husos horarios.
Presente y futuro
Según los datos de la consultora IMS, en la zona EMEA (Europa, Oriente Medio y África), el crecimiento interanual del mercado de cámaras IP es de un 40 por ciento y sus previsiones señalan que, en este 2008, el mercado de cámaras IP moverá 231,6 millones de euros. Eso sí, las cámaras analógicas supondrán 557,3 millones de euros.
Sin embargo, y pese a que sigue existiendo una gran base instalada y oferta de cámaras analógicos, los sistemas IP tienen una mayor capacidad de integración con otras tecnologías y otras ventajas, como su facilidad de acceso o su alta calidad de imagen y su facilidad de almacenamiento.
Así pues, y pese a que muchas compañías emplean sistemas analógicos porque no pueden desmontar la instalación y derrochar la inversión, lo cierto es que en las nuevas instalaciones generalmente se apuesta ya por IP.
Diferentes aplicaciones y usos
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Respecto a las aplicaciones, hay múltiples posibilidades de las que se pueden beneficiar todo tipo de empresas y negocios. Por ejemplo, un sistema de monitorización de vídeo en red instalado en la entrada de un aparcamiento permite identificar el número de matrícula de cada coche que accede, para así poder controlar el flujo de vehículos y sus horas de entrada y salida del aparcamiento.
Otra posibilidad es el conteo de personas a su paso por un determinado punto (por ejemplo, a la entrada de una tienda) para su posterior explotación y obtención de informes. Con un sistema de este tipo se pueden hacer comparaciones de afluencia de clientes entre diferentes días de la semana, épocas del año, o incluso entre diferentes tiendas de una misma cadena. De este modo, el sistema de monitorización de vídeo en red se convierte en una herramienta al servicio de la inteligencia de negocio, que facilita al empresario la toma de decisiones para intentar cambiar los patrones de afluencia de clientes, así como evaluar la eficacia de las medidas tomadas con dicho fin.
También existen casos reales de concesionarios que utilizan las cámaras para dar a conocer a través de internet sus productos; para investigaciones científicas (hay cámaras instaladas en montañas, nidos de cigüeñas), empresas constructoras para que los arquitectos y los responsables puedan ver la evolución de las obras…
Es decir, que las aplicaciones de estas herramientas son realmente infinitas.
24/07/2008 Arantxa Herranz