Si quieres realizar tus retoques fotográficos con mayor velocidad, con mayor precisión y de una manera más cómoda, apúntate por poco dinero a la forma de trabajo de los profesionales. Quien más y quien menos, regresa de un viaje y vuelca sus fotos en el ordenador, las graba en un CD, las envía por correo electrónico, las publica en un blog, etc.
Antes de realizar cualquiera de estas acciones, solemos dar un vistazo más o menos profundo a todas esas fotos. Al final, por un motivo o por otro, lo cierto es que gran parte de ellas pasan por nuestro programa de retoque fotográfico para conseguir ese color, contraste o encuadre deseado. En muchas ocasiones, cuando estamos delante de unas fotos, nos plantemos dar un paso más y buscar con nuestro programa la forma de combinar alguna de ellas y realizar nuestros primeros montajes fotográficos. Algunos superan incluso esta etapa y dan una calidad casi profesional a sus imágenes.
Lo cierto es que estés en el nivel que estés y hagas el uso que hagas de tu programa de retoque fotográfico, puedes facilitarte mucho el trabajo, ganando rapidez, comodidad y precisión si dejas de lado tu ratón. Sin quitarle mérito a este periférico, hemos de reconocer que determinadas acciones que hacemos con el ordenador las aprendimos de pequeños con un lápiz sobre un papel, y el hecho de tener que mover un dispositivo tan voluminoso (un ratón) para realizar acciones sobre la pantalla que requieren tanta precisión, hace que no siempre se consigan los resultados deseados y que haya que repetir muchas veces el proceso hasta conseguir el acabado deseado.
Bien, entonces si no utilizamos el ratón, ¿Cómo lo hacemos? Hay un dispositivo que originalmente surgió como un periférico para realizar proyectos de CAD, como planos de edificios, diseño de piezas y proyectos de todo tipo: la tableta gráfica. Después, debido a los costes, el tamaño y la calidad de los ratones que surgían en el mercado, fue cayendo en desuso hasta ser ignorada casi por completo en todos los sectores del diseño gráfico.
Estas grandes ignoradas son las tabletas gráficas. Pero tranquilos, que no os vamos a proponer que llenéis vuestra mesa de trabajo con un “trasto” de enormes dimensiones, no es esa la intención, más si tenemos en cuenta el poco espacio de que disponemos muchas veces para trabajar. La cuestión es obtener un sistema de trabajo que nos aporte ventajas sobre nuestro actual ratón sin que por ello perdamos gran parte del espacio que aún nos queda libre en nuestra mesa. La solución es una tableta gráfica tamaño A5. Pequeñas, precisas y muy versátiles en su uso, las tabletas gráficas que actualmente se fabrican aportan una serie de características que las hacen adecuadas para la mayoría de usos que se realizan con el PC. Muchas de ellas incorporan aplicaciones para interactuar con tratamientos de textos y otras aplicaciones ofimáticas.
Básicamente una tableta gráfica consiste en una superficie base rectangular que es propiamente la tableta y un lápiz que se desplazará sobre la base para dibujar o marcar.
La base de la tableta suele funcionar como si de una alfombrilla de ratón se tratara. Las medidas de las superficies difieren desde una superficie de tamaño A6 más un pequeño marco (similar a una alfombrilla de ratón), hasta A3 con el marco. Los precios superan al de los ratones, pero puedes encontrar tabletas a partir de unos 20 euros dependiendo de la marca y las prestaciones que aporten. Si buscas A3 con la gama más alta de resolución y prestaciones complementarias ve ahorrando, porque no bajará de los 600 euros casi con toda seguridad.
Con cualquiera de ellas se consigue optimizar el proceso de tratamiento de imágenes ya que se logra mayor rapidez, más precisión (por partida doble), más comodidad y de una manera sencilla e intuitiva, mucho más que con un ratón, por bueno que sea.
Con una tableta gráfica se consigue mayor velocidad, ya que el cursor de pantalla se desplaza igual que nosotros movemos el lápiz. Gracias a la precisión evitamos repetir muchos trabajos. Son precisas porque trabajan con una resolución a partir de 2.000 puntos por pulgada y llegan hasta los 5.000. Para que te hagas una idea, los ratones actuales normales suelen trabajar entre los 800 puntos por pulgada y los 1.200. Imagina la precisión que esta diferencia de resolución te va a aportar.
Por otro lado, la forma en que se coge un lápiz es más natural para nosotros y por lo tanto nuestro pulso es más preciso cuando la mano tiene esa posición que cuando mueve un ratón, por muy anatómico que sea. Esto añade comodidad y por ello te hará ganar más velocidad y precisión a la hora de manejar las herramientas de tu programa de retoque fotográfico.
Algunas tabletas detectan la inclinación y la presión que se ejerce con el lápiz sobre la tableta, por lo que son ideales para dibujo además de para retoque.
Si te atreves a usarla, bienvenido al club, pero piensa que la primera vez que se usa, extraña un poco la sensación hasta que uno se acostumbra. Date tiempo, aunque un par de horas de trabajo suelen ser más que suficientes. Una vez que te hayas acostumbrado, sólo te queda una cosa: disfrutar.