Con mucha frecuencia, al realizar fotografías digitales, nos damos cuenta de que algunas partes de estas han quedado oscuras o bien demasiado expuestas y no se distingue la imagen con claridad.
Esto ocurre porque las cámaras no son capaces de registrar simultáneamente las partes muy brillantes y las muy oscuras de una escena. Si estamos, por ejemplo, en el extremo del patio de un claustro y sacamos una foto pretendiendo sacar el pozo que suele haber en el centro, conseguiremos con toda seguridad que las personas que se encuentren al fondo, bajo los arcos, no se vean porque estarán completamente a oscuras, aunque el pozo salga con claridad. Si queremos que las personas salgan bien, el pozo saldrá “quemado”. Nuestra cámara no es capaz de “leer” toda la información lumínica que existe en la escena. Hay zonas que reciben mucha luz y zonas que reciben poca luz. Esto representa un rango dinámico demasiado grande para la cámara.
Si no acabas de entenderlo, te propongo un experimento sencillo, haz una foto desde dentro de tu habitación hacia el exterior, a través de tu ventana o balcón. Si apuntaste al exterior, en modo automático, el interior de la habitación habrá quedado oscuro, o al menos bastante más oscuro de lo que tu lo ves. Ahora repite la misma foto, pero trata de enfocar el marco y con él enfocado, hacer el mismo disparo. En esta segunda imagen, ocurrirá lo contrario, es decir un interior nítido y un exterior demasiado claro.
Cuando haces un contraluz te ocurre lo mismo. Con las puestas de sol no hay manera de sacar claro el paisaje cercano. Parece que siempre, en este tipo de fotos hemos de renunciar a una parte de ellas y no hay forma de sacar toda la imagen con la nitidez que nos gustaría, ¿o sí?
Cuando te ocurra esto, lo mejor que puedes hacer es realizar varias fotografías con el mismo encuadre. Es muy recomendable usar un trípode e imprescindible que en la escena no haya nada en movimiento. En cada una de las fotos, ve cambiando el tiempo de exposición (si variases el diafragma, cambiaría la profundidad de campo y el resultado podría ser peor). Cuando termines con toda la serie, descarga las fotos en tu ordenador y usa tu programa de retoque fotográfico para abrirlas.
Verás que en cada una de ellas se ven mejor unas zonas que otras. Ahora tienes dos caminos posibles. El primero y más complicado quizá, es juntar todas las fotos en capas y recortar las zonas oscuras o sin nitidez de cada una de ellas, dejando visible “lo mejor” de cada foto.
La otra es construir una imagen HDR (High Dinamic Range, Imágenes de alto rango dinámico de exposición. Es decir, una imagen capaz de recoger el amplio abanico de tonos que nos permitiría ver toda la imagen con absoluta nitidez, sin zonas quemadas ni sombras negras.
Estas imágenes son fruto de la combinación de otras que se han tomado seguidas, cambiando el grado de exposición de la cámara. Después, en un programa de retoque fotográfico, usando las herramientas adecuadas, conseguimos que en este programa se “fundan” las imágenes y que obtengamos el resultado adecuado.
En el caso del programa de retoque fotográfico Photoshop (a partir de la versión CS2), existe una herramienta que no sólo mezcla las imágenes y nos propone un resultado equilibrado, sino que además podemos realizar pequeños ajustes. La herramienta en cuestión está en el menú Archivo -> Automatizar -> Combinar para HDR.
Al abrir esta opción, aparece una ventana en la que debemos señalar que imágenes deseamos combinar. Como consejo, tirad siempre un mínimo de tres, aunque cinco es lo aconsejable para la mayoría de las imágenes. No obstante, si tiras más de cinco fotos, facilitarás el trabajo.
Aunque para un resultado perfecto es imprescindible el trípode, el programa ajusta la imágenes siempre que puede, cuando se activa la casilla correspondiente, aunque a veces, deja un pequeño ”eco” cuando le es imposible ajustar del todo. Estas imágenes tienen gran riqueza lumínica. Tanto, que cada vez se usan más para mapas de iluminación en entornos o escenarios 3D.
Si no lo cambiamos, por defecto genera una imagen en 32 bits de profundidad. Esta gama tan alta no es posible visualizarla en la mayoría de los monitores por lo que se adapta la visualización de la imagen. Si deseamos utilizar una gama más baja (16 u 8 bits) aparece una ventana que nos permite realizar la conversión.
Si decidimos generar la imagen en 32 bits podremos guardarla en formatos de Photoshop (PSP) o en formatos TIFF o HDR. No es posible realizar selecciones ni aplicar determinadas herramientas, hasta que se convierta la imagen. Si la vas a publicar en la web, será imprescindible convertirla a 8 bits, que es la única profundidad de color que soportan los archivos JPG.
Si te decides por este sistema piensa que es adecuado para todas aquellas fotos en las que aparecen fuertes contrastes de luz, pero también puedes divertirte haciendo experimentos con el color. No obstante piensa en el tiempo de “revelado”, y optimiza el uso de estos trucos.
Los que quieren ver las fotos que has hecho te lo agradecerán.