La miniaturización ha conquistado un nuevo terreno. Los proyectores de vídeo, antaño grandes y pesados, han visto reducidas sus dimensiones de forma paulatina, y cuando creíamos que los microproyectores del tamaño de un ordenador portátil eran pequeños, llegan los picoproyectores o proyectores de bolsillo.
Caben en un bolsillo, pues su tamaño es parecido al de un teléfono móvil un poco grande, se alimentan con batería y prometen tamaños de pantalla en torno a un metro de diagonal, suficientemente dignos como para plantearse su uso ante una audiencia de varias personas.
La clave está en la tecnología LED de sus lámparas. Los diodos electroluminiscentes (LED) han evolucionado notablemente en los últimos años y, especialmente, desde que se logró fabricar los LED de luz blanca. Al principio ofrecían una tímida luz que apenas servía para iluminar, pero en la actualidad han aumentado su potencia hasta el punto de que ya tienen aplicación en la iluminación general e incluso se ha presentado el primer coche que utiliza faros LED.
La ventaja de las luces a base de semiconductor es que su consumo es mucho más reducido que en las habituales lámparas de alta presión de mercurio halogenado que se usan en los proyectores tradicionales, además de ser menos contaminantes y generar mucho menos calor. Y es que calor y consumo están íntimamente relacionados. En una lámpara de proyector tradicional, una buena parte de la energía se consume en generar calor que, no sólo no es útil, sino que también es molesto. Las lámparas LED son mucho más eficientes, incluso más que las lámparas de bajo consumo de fluorescencia, y al generar menos calor, también consumen menos.
Pero no nos engañemos, eso no quiere decir que no se calienten. Los LED blancos de alto rendimiento emiten mucho más calor que lo que estamos acostumbrados en los LED de colores para señalización, y también necesitan un sistema de refrigeración adecuado con su disipador adosado, pues sin el se quemarían tras unos segundos de funcionamiento.
Una segunda ventaja es su duración, que se estima en torno a las 20.000 horas lo que supone de 7 a 20 veces más que la de un proyector convencional.
Pero lógicamente no todo son ventajas. La potencia de los proyectores LED es limitada, incluso cuando no se alimentan a batería, como el LG HS102, lo que nos obligará a proyectar en completa oscuridad para poder conseguir pantallas mayores de unos centímetros.
Actualmente son dos los fabricantes que han anunciado su modelo de picoproyector en España, si bien hay otros que por el momento no se comercializan en nuestro país. Así pues podremos elegir entre el 3M MPro 110 y el Optoma Pico PK 101.
Hemos tenido ambos en nuestras manos (nunca mejor dicho) y te contamos las conclusiones.
3M MPro 110
El proyector de 3M ocupa casi lo mismo que un Nokia N81, tan sólo es un poco más largo. Concretamente mide 11,5 cm de largo, 5 de ancho y sólo 2,2 de grosor, con un peso de 160 g.
En este espacio tiene cabida un panel LCoS de algo menos de media pulgada y resolución VGA, el sistema de iluminación y proyección, la batería y el controlador encargado de manejar la señal de vídeo que podemos inyectar desde una entrada VGA o vía vídeo compuesto.
Con el fin de reducir al máximo el proyector se ha prescindido de los conectores clásicos de estas conexiones y, en su lugar, se utilizan otros más compactos que después se transforman mediante sendos cables.
La entrada de vídeo compuesto admite tanto señales PAL como NTSC, mientras que la VGA soporta resoluciones VGA, SVGA y XVGA, es decir, hasta 1.024 x 768 píxeles.
Por todo control, el 3M MPro 110 tiene un interruptor de encendido y una pequeña rueda que actúa mecánicamente sobre la lente, para cambiar su posición y lograr el enfoque. Esta rueda, gira excesivamente suelta, de manera que, si el proyector está en vertical, el peso de la lente hará que sea imposible en enfoque, al tirar siempre hacia abajo. En cambio en horizontal, como normalmente funcionará, no hay ningún problema. Para asegurar esta horizontalidad dispone de una rosca estándar de trípode con la que podremos colocarlo y ajustarlo cómodamente.
En las pruebas hemos conseguido proyectar hasta a 70 centímetros de distancia en un entorno iluminado, consiguiendo una pantalla de 50 cm de diagonal (unas 20 pulgadas).
Al trasladarnos a la oscuridad, pudimos alejarlo hasta 110 centímetros para generar una pantalla de un metro y medio de diagonal. A partir de esta distancia se empiezan a acusar problemas de enfoque, lo que hace inviable utilizarlo. Hemos comprobado que por potencia lumínica podría llegar al menos a cuatro metros de distancia y a proporcionar pantallas de 3 metros, pero en estas condiciones la imagen ha perdido toda su nitidez.
El fabricante anuncia pantallas de hasta un metro de diagonal, por lo que el resultado es incluso mejor que el esperado. Sin embargo es un poco decepcionante ver como disponemos de potencia lumínica pero debido al diseño de la